Tertulias literarias: Rodrigo Bazán

Rodrigo Bazán es catedrático del departamento de Letras Hispánicas de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante las Tertulias Literarias: 4 letras partició en la mesa de Poesía.


 

 

hotel

sexuarán y lo saben
decidido, el deseo crece sin casualidades
Quedaron en coger toda la tarde: con expectativa y sin misterio
la magia están en saber que los viernes toca
y va llegando gente
Que el sabadomingo amanecen muchos que ayer no se conocían cuando los alcanzó la fiesta
y se pegaron las ganas
con dinero suficiente para el gusto
el riesgo
el juego:
meterse un desconocido en la cama
a alguna ajena
no en tu/su/nuestra/mi cama
sino en la, en alguna, en esa, acostumbrada a que la curse tanto extraño o más normal
todos los días
a cualquier hora
Hombres, mujeres y niños (casi
que escapan de secundaria, tan calientes
de la oficina los grandes
para venirse a mirar de cerca y volver después a casa
con sus maridos o sus padres
sus hijos y mujeres
o el perro
o nadie porque también es bueno coger afuera, bien lejos del barrio y que nadie sepa y ser otra persona y hacerse un hombre ideal que, total, se conoció en internet y se ve una vez por semana para lo que nos importa y cada quien a sus cosas de vuelta
Así era ya entonces, cuando ni su casa ni la de ella
cuando los jueves después de clase
cuando hay que ahorrar toda la semana y pagarlo juntos
antes de que hubiera trabajo y cenar después, bañados y brillantes de orgasmo y contento en el chino de una cuadra abajo
Hay una habitación
en la que un hombre
se entregaba a una muchacha y la dejaba penetrarlo con la lengua
abierto ante sus manos y el deseo de someterse
dejarla hacer, verla gemir de calentura
duras las tetillas y haciéndose agua
la yema de un dedo le acaricia el ano
lo separa de los bordes hacia adentro
Quiero ser tu perra, le dice al oído, cuando ella se tiende sobre su espalda y le aprieta un muslo entre las piernas
Te voy a coger muy duro, responde, pa que veas qué rico siento…
Y él se revuelve (dos dedos adentro y su propia erección que duele) mientras busca sus labios y la besa y vuelve a sentir su lengua y sabe que es amor lo que comparten
que el alma es puerta al cuerpo
que caminan juntos y se ignoran cuando hay gente
a quien no informarán nunca lo que hacen
Mañana quedará nada
Hoy mismo, dentro de un momento, se habrán borrado las huellas de sudor al cambiar las sábanas
Holocausto permanente
ofrenda repetida
la afanadora del segundo piso no lo nota ya, ni oye más gemidos: unos lo hacen con la televisión prendida y otros se callan mientras, quizá, se miran a los ojos
al final el resultado es el mismo: quitar la ropa de cama sucia, vaciar el basurero, poner una cinta nueva en el escusado aunque sea mentira que lo ha sanitizado
y volver al pasillo, al cubículo
entre el elevador y la escalera
esperando una nueva presa, una nueva escena para desmontar su evidencia
sin saber jamás cómo se llaman los chicos que llegaron juntos ni por qué, al salir, el más delgado se veía tan tenso y el otro parecía a punto de llorar pero no lo dejó abrazarlo
Sin imaginarse que a ella, la otra, que llegó cuando el hombre ya estaba en el cuarto
la piel de los brazos se le soltó con el tiempo
y cuando él la abraza
cuando la aprieta con las manos y la besa fuerte
gira sobre músculos y huesos
pero su carne es firme y suave y tiene la piel tibia y huele a casa y sexo divertido y siestas reposadas
aunque cuando ella lo abraza sienta cómo se le encogieron las nalgas
y que está huesudo y no delgado
menos muscular y mucho más lleno de mañas como esa de insitir en darle por el culo a todas horas
no a veces
no por jugar o variando sino como una manda aunque ella prefiriera hacer otras cosas
casi ya ni coger pero seguirse frotando
sentir su erección abrir sus labios sin que se la metiera
bañarlo de sí
y después lamerlo despacio y meterse en la boca ese pene que los años compartidos han hecho que vea como suyo
como una parte de su cuerpo los martes en la tarde cuando desaparecen de la oficina
y la afanadora del segundo piso los ve llegar juntos o separados en cualquier orden
mientras sigue aspirando el pasillo y puliendo ventanas con papel períodico como si fuera de verdad el Marriot y no un cogedero
un pinche hotel de paso junto al Metro
en la mera Calzada pero al sur de las putas
en horario familiar para después volver a casa y cocinar
[…]

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