Rótulos: de lo absurdo a lo artístico

Abraham Villaseñor Ramírez

doña blanca

La pintura de esmalte acrílica fue creada pensando en la durabilidad.  Es un material que se diluye con adelgazador (thinner), y se puede aplicar en una amplia gama de superficies previamente preparadas. Su acabado puede ser brillante, satinado y mate. Es apta para exteriores e interiores. Ya preparada para su aplicación es dúctil aunque pegajosa, su olor es penetrante y una vez que toca la superficie de algo es indeleble. Son pocas las personas que disfrutan la experiencia de utilizarla, una gran mayoría la encuentran burda o muy inferior a otros materiales que existen en el mercado. Aquellas personas que gozan de la experiencia han encontrado una dilución que los satisface, gustan de estirar esa membrana plástica por el lienzo o el objeto que pintan.
Un oficio que encontró el matrimonio perfecto con la pintura de esmalte acrílica es el del rotulista.  El taller de un “pintor de brocha gorda”, como se les distingue despectivamente, fue idéntico al taller de un muralista: andamiajes montados frente a paneles inmensos, instrumentos de medición, brochas, cubetas, bidones y muchos ayudantes. La proyección de un mural publicitario era cosa seria, el maestro encargado debía de escalar a mano la imagen que la agencia de publicidad o el cliente solicitaban, para luego reproducirla decenas de veces. Esos talleres son un recuerdo nostálgico, ya que tanto los publicistas como los artistas ahora utilizan estudios en los que  nuevas tecnologías, facilitan la reproducción de piezas en gran formato.

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No por ello el oficio del rotulista está extinto, aún hay pequeños locales ofreciendo el servicio en muchas ciudades, pero su escala se transformó, los espectaculares ahora se imprimen en un centro de copiado, y solo se rotulan fachadas, pequeños letreros y bardas. En los grandes talleres rotulistas durante la década de los setentas y ochentas, trabajaron a destajo tanto estudiantes como buenos artistas que complementaban sus ingresos con esa profesión. En la actualidad existen pocos maestros verdaderamente instruidos en la técnica de la pintura; sus cálculos son elementales, lo mismo que sus nociones de composición o de color. Aún así existen momentos en los que transitando por las calles y avenidas de esta ruina tropical nos topamos con creaciones, que si bien podría discutirse si pertenecen al terreno del arte, tienen una gracia y encanto innegable. Algunos rótulos se podrían vincular a una práctica artística relacionada con lo naive (o ingenuo),  con el artbrut (o marginal), y algunos se encuentran en una frontera indeleble con el arte kitsch.

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Las bardas de la ciudad se rotulan anunciando los próximos conciertos locales, también publicitan periódicos o candidatos en contienda durante las elecciones. Para este tipo de rótulos/murales  se utilizan pinturas a base de agua, cal y pigmentos en polvo; esta publicidad es tan común e invasiva que puede ser considerada como contaminación visual. Son los rótulos escondidos entre la voracidad del paisaje urbano, o alejados en alguna colonia poco frecuentada, los que muchas veces vale la pena preservar o solo comentar.  Transitando por varias calles del centro de Cuernavaca, aún podemos encontrar anuncios deslavados por el tiempo que fueron hechos hace décadas; viejas tipografías descarapeladas en edificios abandonados. En la calle de Arista, por ejemplo,  tenemos el rótulo de Magical Mistery Records, y unos pasos más adelante una peletería tiene un rótulo de un viejo zapatero muy bien acabado. En la Carolina está una marisquería con un delfín verde que remite a las obras de Franz Marc. Cerca del mercado de la Barona, rotulado en la fachada de una peluquería están plasmadas las muestras de los estilos que manejan, a juzgar por los retratos no se han actualizado en mucho tiempo (la pintura está desgastada y los peinados son de los noventas).
Magical Mistery recordsEl rótulo en el que el maestro puede desplegar su destreza técnica es en el de las peluquerías, los gimnasios, talleres mecánicos, carnicerías o verdulerías. En estos cinco tipos de comercio es necesario plasmar de manera efectiva el retrato, la anatomía, la perspectiva, la abstracción y la naturaleza (también un concepto publicitario o artístico). Aunque no sería extraño encontrar una cocina económica o una tienda de abarrotes con un buen despliegue de los temas de la pintura antes mencionados. Existen ejemplos lamentables del rotulismo que pueden llegar a ser cómicos, como las faltas de ortografía o de redacción confusa. También existen los personajes que por su deformidad, llevan a algo parecido a una compasión estética al espectador. Existe el extraño caso en el que suceden esas tres aberraciones en una sola fachada y tenemos una creación digna de transformarse en contenido viral.
Artistas modernos y  contemporáneos han reflexionado sobre la publicidad en general, y algunos específicamente en el rotulo. El artista belga Francis Alÿs en la serie “City Landscapes”, trabajó con rotulistas de la Ciudad de México para reproducir lienzos creados por él. El resultado de la colaboración fue una serie de pinturas originales al óleo y tela (creados por Alys) junto a las reproducciones de los maestros rotuladores hechas con pintura de esmalte en láminas montadas sobre paneles. La obra de Cisco Jiménez explora el estilo característico de los anuncios al esmalte, y plasma criaturas grotescas y mensajes satíricos emulando de cierta forma a los maestros rotulistas. El colectivo CHA/MAN colaboró con una familia de rotulistas y produjeron la serie “Versus”, que retrata la estética publicitaria de los carteles de lucha, mezclado con la cultura popular de masas. Recordemos que Andy Warhol desarrolló varias obras que coquetean con esta forma de pintura; y por su parte Roy Lichtenstein, utilizó pinturas de esmalte y superficies diversas para crear obras que  plasman aspectos de la imagen comercial.

renta de equipoLo mismo que en la pintura de caballete podríamos (con ánimo lúdico), precisar estilos dentro del rotulismo, tipificados por rasgos específicos de la región, del comercio que promocionan y aspectos creativos de los ejecutantes. Ya que no es lo mismo un rótulo de la costa en el que predomina el azul, la fauna marina y las bebidas alcohólicas, que un rótulo de la sierra, de menor escala y predominantemente tipográficos; porque existe también el rótulo iconoclasta, que reniega de las imágenes para poner el énfasis en el mensaje escrito. Se distinguen los rótulos citadinos  de los pueblerinos. Podemos hablar de maestros rotulistas púdicos, vulgares o misóginos; también abstractos, minimalistas o expresionistas.
La pintura publicitaria es un trabajo colaborativo entre el cliente y el rotulista, el primero explica lo que desea y el segundo lo interpreta en el muro (muchas veces sin un dibujo previo o boceto). Sucede mucho que el cliente no tiene un logotipo y la obra que plasma el rotulista se transforma en uno. Este tipo de obra es mayormente anónima, algunos traen el número de teléfono del local que lo pintó pero son escasos. Debemos de recordar que el rótulo existió igual en una taberna de Noruega, que en un café italiano, y seguirá existiendo en una refaccionaria de México lo mismo que en una librería de Buenos Aires. Vale la pena estar atento mientras se transita por la ciudad, pueden existir varias joyas escondidas por los caminos más recurrentes.

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