Miguel Izquierdo: crear en la ruina

/// Por Miguel Izquierdo ///

Esta tarde me han concedido el horrible honor de presentar formalmente en medio de la BASURA y ante su diosa Tlazoltéotl (diosa de las inmundicias, de los hongos alucinantes, de la sexualidad, del ocaso y de las mujeres parturientas), la página web RUINATROPICAL.COM, lanzada por artistas multidisciplinarios como lo son Amaury y Davo.
Se trata de una apuesta a debatir sobre la ciudad de Cuernavaca, partiendo de sus narrativas textuales y gráficas, crónicas que van colectando a su paso por aspectos turbios, demacrados, descascarados de varios rumbos que habitamos, a la par que con una especie de balanza, ponderan las islas y remansos que tenemos disponibles para soportar festiva, artísticamente, las acechanzas de las crisis que se ciernen sobre el país y Morelos.
Varios puntos de encuentro y destinos tengo y tiene parte de mi familia con los afanes de Davo y de Amaury, los convocantes, expresados en su pronunciamiento, eje de su página “RUINA TROPICAL”. A lo largo de este textito pretendo mostrarlos a partir de una sensual analogía que encuentro en su caracterización de dicha RUINA y el ser de los Amates de estas tierras cálidas.
(mostrar fotos de amates con y sin danzarinas… mi dibujo…conseguir el proyector)
Los amates han aprendido a vivir sobre y convivir con las ruinas. Suelen sostenerlas, fortalecerlas y aunque aparentemente las destruyen, les dan el armazón del que muchas de ellas carecen, contribuyendo a darles larga y si me permiten, simbiótica vida.
Los amates se cuelan por los intersticios que Amaury va registrando, no desprecian los minúsculos espacios o grietas, y los escogen para germinar en ellos, apretarse a ellos, hacer unidad con las ruinas a través de ellos.
Más aún, los amates prefieren el deporte extremo de adosarse peligrosamente en las empinadas laderas de las barrancas, asumiendo todos los riesgos de vivir en el desfiladero adheridos de comisuras que parecen imposibles de ocupar. Se prendan de ellas como apasionados amantes-amates.
Por si fueran pocas las analogías con lo que hacen e invitan a que hagamos Davo y Amaury, los amates se aprietan sensualmente a las ruinas. Cada uno de ellos en su ambiente, en su ladera o ruina, forma una composición y un canto al amor incluso en la seca, a pleno sol, en las condiciones más difíciles e inhabitables.

Segunda parte.
Davo me invitó también a dialogar sobre los propósitos de RUINA TROPICAL, considerando nuestros motivos para estar en Cuernavaca, a manera de ir recogiendo testimonios de la elección de quedarnos en esta ciudad, si es que la hubo.
Como cerca del 70 % de la población de Morelos, somos inmigrantes, llegados a Morelos por variados motivos, azares y querencias.
Con mi familia llegamos a Morelos en el 81´, provenientes del DF, con la idea de pasar una temporada, mientras resolvíamos pendientes de estudios en el DF, y con la intención de luego regresar a SLP. Esa temporada se fue alargando sin darnos cuenta. Para el año 1983 la compañera de trabajo más humilde y con gran sentido común, nos convenció de comprar “un terrenito en Altavista”. ¿Para qué -le dijimos- si nos vamos a ir? Contestó: “Cuando se vayan lo venden”. Nos convenció…y más que eso, a partir de ese primer paso fuimos dando uno a uno los siguientes, mientras crecían nuestros dos hijos, hasta quedarnos acá.
Esa fue una primera decisión en nuestro caso llevada un tanto por el azar, en que coincidimos con la especie de “manifiesto” de la Ruina Tropical: quedarnos aquí, echar raíces ahí entre las comisuras de las banquetas y muros, cual amates. Éramos fuereños (¿lo seguimos siendo?), y nos resultaban un tanto chocantes los continuos llamados chovinistas en la prensa y radio a no dejar espacio laboral sino a los de Morelos y en su caso a “los de Cuernavaca”. La sensación por entonces era cotidiana, de ser “ajenos”, “extraños”. Sensación muy viva, que no invitaba a quedarse.
Al pasar de los años, Susana y yo nos hemos planteado una relación específica con el entorno inmediato y mediato, lo que implica un compromiso con nuestros semejantes, vecinos y con nosotros mismos, con la vida. A partir de las condiciones que vivimos, tras un largo periodo de varias crisis que no terminan ni se ve en el horizonte inmediato la salida, silenciosamente, junto con miles de productores artísticos y culturales, decidimos lanzar nuestras exiguas raíces y penetrar los minúsculos espacios disponibles, sea por acaparamiento de los potentados, por saqueo de los espacios públicos por inmobiliarias y sus compinches, o por la debilidad de nuestras agrupaciones civiles….
No pretendemos estar solos, nada de eso. Menos aún pretender que la iniciativa es nueva. Hay agrupaciones y asociaciones de larga vida (v. gr……) que han hecho lo propio, pertinazmente, con mínimos recursos o con los propios, para congregar, para realizar actividades artísticas y culturales en Morelos, con aportaciones originales y con sentido social. El punto de coincidencia no es ese, sino en plantear la necesidad de dar “un salto” en la reflexión sobre la escena cultural y artística estatal, como lo vienen haciendo RUINA TROPICAL, con miras a dejar inercias y por qué no, provocar, estimular acciones y compromisos de los actores de estos campos, para trascender prácticas endogámicas a los círculos culturales que frecuentamos, en aras de llegar, invitar y hacer partícipes, a amplios públicos en todos los municipios y de todas las condiciones sociales.
La reflexión sobre la propia práctica, es requisito indispensable para definir y trazar nuevos rumbos, para cualquier individuo y agrupación. Por supuesto incluyo aquí la práctica social, cultural y artística que se han propuesto quienes ahora lanzan esta iniciativa en la Ruina Tropical.
Propongo ahora tres temas a discusión para dar ese “salto”.
Primero: Necesitamos un análisis sociológico de las condiciones de producción, circulación, consumo de los productos culturales en Morelos. En el libro “Valorar las Artes”, salido hace tres meses, hice un mínimo ensayo de los tipos de actores en el campo cultural de Morelos y algunas de sus principales relaciones, queriendo impulsar una discusión pendiente, muy necesaria sobre el campo cultural y las relaciones que en él se dan. Un análisis del tipo ha hecho ya Zaira Espíritu para el caso de los festivales artísticos de Morelos, en el libro coordinado por Héctor Rosales México, Nunca Más.
La resilencia parece ser una característica de los productores culturales, el enfrentar condiciones adversas, que minimizan o minusvaloran su actuación. ¿Qué hacer para contrarrestar esta fuerte tendencia mundial? Cabildear, cabildear colectivamente demostrando que el sector cultural aporta un importante % del PIB, indispensable, y que más aportaría si se le invierte aún más. Eso requiere crear las condiciones para un diálogo profundo con varias instancias de gobierno, que den cause a iniciativas de desarrollo a la producción cultural.
Recientemente se creó un Consejo del Capital Humano bajo iniciativa gubernamental. Se plantea colaborar produciendo criterios e iniciativas para el desarrollo de Morelos. Creo firmemente que los productores culturales deben tener ahí voz, pues Morelos, por sus tradiciones, patrimonio e instituciones culturales, tiene una clara vocación cultural con ricas posibilidades de empleo en el sector como de desarrollo de instituciones que le den viabilidad. Es necesario hacer presencia y argumentar que eso es factible y que debemos tomar también esa vía, no sólo la industrial y comercial.
Segundo: hay experiencias muy valiosas de los colectivos que nos preceden, quienes decidieron aportar a la escena artística-cultural en Morelos; aprendamos de ellos, consultémoslos. De algún modo han sobrevivido, han tendido sus redes, han salido adelante, con entradas y salidas del Estado, logrando presencia local y nacional. Ensayemos colectivos y producciones multi/interdisciplinarias como las hemos visto en la producción de los libros hoy presentados…ya hay ejemplos dignos de esa categoría. Reconozcámoslos, escuchémoslos.
Tercero: ante un panorama adverso, recordemos lo que Jean Robert nos ha platicado sobre las formas de subsistir de millares de pueblos, a las terribles adversidades durante y después de la segunda guerra mundial en los países soviéticos: la acción solidaria entre individuos y comunidades, consistente en pequeños intercambios, trueques, cultivos caseros de subsistencia…únicos sistemas de relación que explican esa larga y penosa etapa de la que salieron adelante unos millones y no resistieron otros. Aprendamos colectivamente a postular por recursos para la producción cultural, alertemos y ensayemos formas de interacción contra el individualismo tras los sistemas de becas y su daño a los colectivos de productores…y a sus integraciones. Hay formas de hacerlo sin desintegrar los colectivos, cuidándolos, pese a las condiciones estructurales, divisorias, de varios estímulos.
Cuarto: demos paso a la madurez, hagamos todo lo posible contra el ataque mutuo entre productores. Hay ya demasiada violencia social de mil tipos, y da enorme pena vivir la violencia simbólica entre los productores culturales y artísticos. Escucho y leo diatribas contra productores que se acercan a las instituciones oficiales culturales o colaboran con ellas. Hago un mínimo recuento y advierto que varios de los más rudos críticos actuales colaboraron antes con gobiernos previos. ¿No debiéramos plantearnos un programa cultural transexenal sin golpear a los que tarde que temprano volverán a la lista de los excluidos de la lista oficial de contratados, nuestros aliados naturales futuros o pasados? Hagamos un intento sincero, profundo, por comprender la cercanía/distancia respecto a las instituciones culturales estatales y municipales y el papel pasajero de sus funcionarios y colaboradores, con una mirada de largo plazo, de uso social de las instituciones, que debemos verlas como nuestras, que se deben a la población puesto que son pagadas por la comunidad y atendamos el cuidado de las personas, de los actores/as culturales.
Sí, las instancias culturales estatal y municipales, como la federal, deben aportar al desarrollo cultural y artístico. Nos toca a productores, promotores, consumidores, aportar iniciativas y conseguir recursos para formas alternas de producción y circulación de los bienes culturales, sin golpearnos, sino cuidándonos, entendiendo las necesidades de los otros productores, según cada uno de los géneros que cultiven.
Quinto: el papel de la crítica.
Davo y Amaury nos retan a la crítica. Tienen razón y pasión para expresarlo. No es honesto darnos el avión. En el libro Valorar las Artes, he insistido en que debiéramos dar paso a la crítica en varios niveles diferenciando sus formas según las etapas del desarrollo del artista destinatario y sus intenciones. Como seres humanos, todos necesitamos recursos expresivos, nos son indispensables…deben alentarnos a descubrir nuestras pasiones e intereses, facultades y talentos. Eso requiere apoyo decidido, sin actitudes pichicatas ni lijas abrasivas…se trata de empujar a niñez y juventud a la experimentación expresiva, también a los adultos que no tuvieron esas oportunidades…¡fuera crítica castrante, no la toleremos! Comportémonos ante novatas y novatos como ante niños que aprenden a hablar…mostrando e invitando a dominar la lengua con el ejemplo amoroso de quien da la bienvenida a los nuevos en el campo artístico que cultivamos.
Dejemos para quienes han avanzado en el estudio de las artes, niveles de critica mayor, eso sí muy respetuosa, que sin contemplación sobre los errores, invita al artista en ciernes a desarrollarse, a pulir su arte, a crecer técnica y espiritualmente. Sobran pretendidos sabelotodo, presumidos encumbrados que gozan de la humillación de los novatos y de los que se dejan…tienen sobrada envidia sobre los que vienen destacando, sienten amenaza de que les quiten los espacios que detentan gracias a sus hoces, a sus guadañas bestiales que sueltan sobre todo aquél que se acerca a cultivar las artes. Con esas críticas feroces no aportan a las artes, no humanizan, no dignifican lo que pretenden ser.
Sexto: reconozcamos a los talentos y productores jóvenes y formados, hacerlo dignifica nuestro gremio, anima a los niños y jóvenes a seguir carreras artísticas, brinda alternativas de desarrollo humano, valiosas. Continuamente me sorprendo de los logros conseguidos por productores locales que han aportado a la escena nacional y mundial, artística y cultural, y me da muchísimo gusto anunciarlo en nuestras redes sociales. Les invito a que hagamos eco, los padres y madres deben saber que las carreras artísticas con valiosas en la vida, son dignas de vivirse, son inmensamente satisfactorias, pese a las circunstancias adversas. Continuamente hay que recordarlo para que con confianza apoyen a sus hijos en seguir carreras artísticas. Davo y Amaury ha hecho de su serie RUINA TROPICAL como en TIERRA ADENTRO (y antes en LA PIEDRA) un recuento rico y constante de jóvenes artistas que van empujando fuerte en la escena local, mirándolos, admirándolos, dándonos pie para apreciarlos. Algo similar nos toca en las demás instancias, familiares, sociales, institucionales, escolares.
Para cerrar, invito a nuestro auditorio a estar muy al pendiente de RUINA TROPICAL, a aportar abiertamente a sus planteamientos, a discutir con sus impulsores, a dar la batalla cultural en las condiciones que nos fueron dadas, comprometiéndonos a transformarlas mediante nuestra acción educativa individual y colectiva, creadora. Entre las rocas y las grietas, en las empinadas barrancas, florezcamos, apropiándonos de nuestro entorno, pues es nuestro, lo hacemos nuestro al producir, al crear, al proponer.
Larga e intensa vida a RUINA TROPICAL, a sus autores “amates/amantes” Amaury y Davo y a sus fans como colaboradores.
Ricas experiencias y vivencias artísticas para todos/as ustedes, participantes en este jolgorio.
¡¡¡Muchas gracias!!!!
febrero 2016

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