Exiliados: Juliana Alvarado

||| Por Davo Valdés de la Campa  |||

 

Pensar que aquí no pasa nada me parece un síntoma de dos cosas:

  1. a) Falta de imaginación
  2. b) pereza

Cuernavaca en ruinas es un lienzo destruido con potencial creativo único. En otras partes del mundo cientos de ciudades destruidas por la guerra, el abandono, la pobreza, se convierten en referentes artísticos porque sus habitantes aprovechan las crisis para generar obra. Por eso cuando la gente repite el discurso de que un artista debe huir de Cuernavaca, creo que es por pereza. Por un lado porque es más fácil (aparentemente) migrar a ciudades más grandes con condiciones más dignas y estructuradas para el artista (o la idea que tenemos de artista), ya sea porque Cuernavaca nos queda chica, o porque nos enfrentamos a demasiados obstáculos o porque no hemos tenido la suficiente autocrítica para analizar dónde está nuestro fracaso, cuando por otro lado podemos generar una escena auténtica, con su propia identidad, desde los escombros, con todos los retos que eso implica. Por otro lado me cuestiono qué significa vivir en Cuernavaca en este siglo XXI, si es posible habitarla de otra forma (virtualmente) o si Cuernavaca se queda en nosotros a pesar de que, por las razones que sea, decidimos irnos a otro lugar.
Con este texto inauguramos la serie Exiliados, un espacio que busca ahondar a través de la voz de distintos artistas su relación con la #ruinatropical, porque la ven desde fuera y quizá por eso tengan una perspectiva distinta, nostálgica o de rencor. Todos ellos son artistas que vivieron alguna etapa de su vida en Morelos, nacieron aquí o estudiaron o desarrollaron parte de su obra y por distintas razones (aquí las exploramos) ahora se encuentran exiliados, pero todavía vinculados a esta ciudad.
La obra de Juliana Alvarado parte siempre de grandes reflexiones, quizá por su interés en la teoría de arte, el cine contemplativo, la música contemporánea, específicamente compositores inscritos en la Nueva Simplicidad o el minimalismo posmodern o la misma literatura existencialista. A través de lo que ella llama “accidentes cotidianos de la naturaleza”, sus piezas aluden al tiempo, a la nostalgia, cuestionan el papel de la memoria, o hablan del colapso. En ese sentido sus intereses metafísicos se pueden sintetizar en el tópico tempus fugit, locución latina que hace referencia explícita paso veloz del tiempo. Así en sus imágenes el tiempo huye, el tiempo se escapa, el tiempo transforma las cosas físicas, el tiempo es una marca visible y reconocible sobre la materia.
Alvarado nació en el otoño de 1990. Estudió Artes Visuales en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, así como en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Su obra ha sido publicada en diversas revistas y participado en varias exposiciones colectivas dentro del país. En años recientes ha tomado seminarios sobre Estética Contemporánea, Investigación Visual Fotográfica, Laboratorio de Experimentación Creativa, entre otros. Actualmente es artista residente en Oficina de Arte en la ciudad de México.

Juliana Alvarado visita constantemente la ciudad y mantiene una relación cercana con varios artistas de Cuernavaca u otros municipios del estado. Si desean conocer más de esta joven artista pueden encontrarla en Facebook o en su cuenta en Tumblr.


¿Eres de Morelos o en qué momento llegaste?
No, nací en Michoacán. Casi toda mi familia es de allá. Llegué a Morelos para vivir con mi abuela paterna.

¿Cuál era tu impresión de la ciudad de Cuernavaca?
Me parecia que había mucha naturaleza para ser ciudad. Recuerdo que relacionaba Cuernavaca con casas viejitas con muchos helechos.

¿Por qué decidiste ser artista?
Sonará trillado, pero siempre lo supe. Mis papás igual lo sabían así que no les sorprendió que estudiara artes. Mis primeros intereses de pequeña fueron la música y la pintura. Más grande, me obsesioné con el cine y la fotografía y decidí que quería dedicar mi vida a las artes visuales. El proceso artístico es mi motor, desde el simple acto de observar, desarrollar ideas, investigar. Fui descubriendo quién era a través de la creación de imágenes. Creo en el arte como mi autonomía, la realidad nos impone muchos límites, y en ese sentido puedo decir que es mi fuerza. El arte me ayuda a darle forma y control a esa sensibilización, para que no se quede solo volando. Este impulso tampoco llegó del cielo, le debo mucho a mis amigos cercanos, escritores, arquitectos, fotógrafos y cineastas que admiro mucho y con quién pude conectar y establecer vínculos sobresalientes. Por ellos mi obra ha crecido.
Una curadora canadiense una vez me dijo, y es algo que he tenido muy presente, que ser artista no es fácil, y ser artista en México, tampoco, por lo tanto, ser artista mujer mexicana, mucho menos. Honestamente, creo que aquí, uno no debe entregarse a medias.

¿Por qué decidiste irte de Cuernavaca?
Por dos razones, una fue la inseguridad, la otra, el trabajo. Tuve una etapa donde me pasó de todo y ya me había cansado, necesitaba moverme.

¿Cuál es tu percepción de la ciudad desde donde estás?
Pues ahora, cada que regreso es un gran respiro. Siento que tengo más tiempo para contemplar cada detalle. Tienes segundas lecturas de todo. También me gusta encontrarme a muchos amigos donde quiera que voy.

¿Hay alguna relación entre tu obra y Cuernavaca? ¿cómo influye en tu trabajo creativo?
Sí, mi obra tiene apego a Morelos. Hay algo bastante peculiar en la esteticidad de la luz y la sombra que no he encontrado en otro lado. Y mucho de lo que hacía inicialmente, fue fuertemente influenciado por esta mirada contemplativa. Cuautla, por ejemplo, es una ciudad de intensidad luminosa, me di cuenta comparándola con otros lugares. Sentir un espacio es algo muy importante para mí, sentir un lugar y como te sitúas ante él, con todos sus matices de expresión. Podría decirse que ese es el punto central de lo que hago, ya que se desarrolla mucho sobre los espacios. Uno de los sucesos más dolorosos para mí fue cuando ocuparon y acabaron destruyendo la casa de mi abuela (que fue el lugar donde crecí toda mi vida) La construcción como tal, y su historia, me refleja un estado del alma. No obstante, creo que fuera de todas las formas del espacio terrenal, la luz y la visión, me ofrecen una comprensión estética de la existencia física. El espacio, la melancolía, el tiempo, la resistencia y el accidente son conceptos que trabajo, y mucho de todo esto lo he encontrado en Morelos.

¿Cuál es tu percepción del circuito artístico en Morelos desde donde estás?
Me llaman la atención los nuevos y creativos movimientos que han estado desarrollándose en Morelos y entendiéndose desde posiciones como la periferia, sobre todo por que le dan lugar al trabajo de artistas que no pertenecen a la burocracia cultural arraigada, y que poco a poco, han ido derrumbado ese circuito artístico oxidado.

¿Te interesa alguna artista/proyecto morelense?
Seguramente se me irán mencionar muchos, pero ahora se me viene a la mente el trabajo de Miguel Ángel Vázquez, los proyectos de archivo de Vera Castillo, Natalia Efe, La femme Gang, La Presidencia, y Ruina Tropical.

 

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